miércoles, 6 de julio de 2016

Con E de Elaine (o La niña del comedor)



A Elaine

  Elaine es una niña de ocho años de ojos marrones y con una melena rubia que se mece sobre sus hombres y llega hasta el infinito. A veces lo lleva suelto y a veces recogido en un moño. Sonríe con facilidad y tiene gestos que expresan a la perfección lo que piensa o siente sin necesitar hablar. A veces se queda se te queda mirando fijamente, otras sus ojos van y vienen como si algo o alguien le impidiese mantener la concentración en lo que a ella realmente le importa. Para tener ocho años es alta y sumamente inteligente. Elaine ya entiende cosas que a los adultos nos cuesta años asimilar. Sabe que no puede juzgar a las personas, que merecen una oportunidad, que pueden cambiar y que nadie es malo por naturaleza. Diferencia entre nacionalidad y religión y es plenamente consciente que puede seguir siendo lista pese a que haya personas más listas que ella. 

  Elaine hace ballet a la salida del colegio. Por eso a veces va a clase con el moño atado. Si hablas con ella descubres que le gusta de veras y que disfruta cada segundo de sus actuaciones. No tiene aspiraciones altas, simplemente quiere pasarlo bien. No sé si se le da bien o se le da mal, si está en la media o sobresale pero por sus expresiones juraría que a ella no le importa en exceso. Por contra no le gusta estudiar pero ella sabe que es su obligación así que estudia. Y ha sacado nueve excelentes. Distingue entre lo útil y lo necesario. Ya he dicho que Elaine es una chica muy lista. Le gusta quedarse callada y pensar, escuchar y dialogar, trata de esquivar los problemas ajenos e incluso intenta mediar cuando dos compañeros de clase se pelean. A veces sale victoriosa de dichas tareas, a veces fracasa pero ella siempre aprende. Nunca la verás hablar mal, nunca oirás una mala palabra salida de su boca y nunca nadie ha tenido quejas de ella.

  Elaine pasa desapercibida. Sus amigas llaman más la atención, vienen a hablar, lloran de vez en cuando, te enseñan sus dibujos o se ponen a bailar sin motivos aparentes. Ella juega al escondite entre la multitud, se aleja de los focos y deja hueco el trono que nunca pidió. No reclama la atención de nadie, come despacio y en silencio. Excepto las lentejas. Las lentejas no le gustan y no se las come. Casi suplica que no le pongas lo que le toca en el plato aunque una vez ahí, se lo termina. Se ríe mucho si le preguntas por sus virtudes y sus defectos. No sabe definirse, no sabe por donde empezar y tampoco tiene palabras para hacerlo. De las pocas cosas que Elaine no debe saber hacer. Y por no saber ni lo intenta. Además Elaine busca ser racional a la edad de ocho años. Todo lo que dice está pensado de mejor o peor manera, con argumentos más sólidos o menos pero ella cree lo que dice en ese momento. Y te lo va a debatir aunque no por ello no va a darte la razón. Repito que Elaine es una niña extremadamente lista. 

  Elaine es una niña de ocho años pese a todo lo que he dicho. Sigue corriendo con sus amigas, jugando al Pequeño Pony y tirándose al suelo. La verás con arena en el pelo o tirando piedras diminutas contra la pared mientras habla de la clase de castellano. Mira las pompas de jabón impresionada como si la monitora que las hace fuese una maga del agua. Hay cosas que todavía no entiende y mejor que no lo haga. No suele jugar con el balón pero de vez en cuando lo patea cuando se le acerca, igual que la verás tirando una peonza con un compañero que sigue castigado por pegar a otro. A la vez Elaine escenifica mis miedos al día en que me toque educar a un niño o una niña (si llega dicho día). 

  Elaine es una niña de ocho años y a veces uno desearía que siempre fuese así. 

domingo, 3 de julio de 2016

Confesiones de biblioteca (VIII)

Dementes mienten cuando dan más valor al ahora que al antes. 


Los Girasoles, cuadro de Vincent Van Gogh.

martes, 24 de mayo de 2016

El placer del no saber

  Ayer mi hermana me dijo que tenía buen porte. Estaba cepillándome los dientes cuando lo hizo. Yo me reí con la pasta de dientes transformada en espuma saliendo de mi boca y cayendo en la pica. No entendí muy bien a que vino ese comentario, le salió espontáneo y tampoco es que yo me hubiese currado una pose o una vestimenta. De hecho iba en chándal lo cual dice bastante de la situación. Tampoco sé que significa tener porte. No entiendo muy bien como se define el porte de una persona. No me he matado en tratar de descifrarlo porque básicamente, no me importa. Eso si, hizo que me mirase en el espejo una vez terminada la tarea que traía entre manos. Dos días antes una conocida o una amiga (tampoco sé como calificarla) me había dicho que era un chico guapo. No me lo suelen decir y si lo hacen yo no me entero. Ni ganas, ojo. Supongo que es una opinión entre tantas que me termina llegando por sinceridad o por compromiso. Ayer cuando me reflejé en el espejo no vi el rostro de alguien a quien yo cualificaría de guapo pero a ella le parezco guapo. La genética es algo fascinante, la verdad. Tengo cero mérito en ser o parecer guapo y me lo dice. De hecho, mis características físicas son las que más me recuerdan y lo hacen de forma continua, más ahora que trabajo con niños. Me miran y no salen de su asombro: "eres muy alto", "que feo eres", "tienes mucho pelo en la cara, quitatelo" o "no tienes pelos en los brazos, que suaves los tienes". En todo ello tengo cero mérito. Bueno no, podría afeitarme pero estoy en modo James Harden, me da miedo quitarme el poco vello que tengo y descubrir mi cara desnuda. Paso, tal y como estoy me asusto menos de mí mismo. 

  Mi hermana se fue entre sonrisas y yo seguía mirándome en el espejo. Siempre entro en el lavabo con mi MP3 para ir escuchando música (obvio, ¿no?). Normalmente escucho rap excepto por las mañanas que Ray Charles inunda mi consciencia. Antes me encontré con la vecina que es una de las niñas del comedor que insiste en que soy muy feo. Me pregunto que discusión tendrían ella y mi conocida/amiga para tratar de convencerse la una de la otra sobre quien tiene razón. Creo que es algo subjetivo. No lo creo, lo es pero a veces queda más cordial decir que lo crees que si no parece que tengas la verdad absoluta. No quiero decir que tengo la verdad absoluta pero hay cosas que son así y no puedes discutirlo. La opinión sobre el físico de una persona lo es. Bueno, básicamente casi cualquier opinión personal de esta índole (que ganas tenía de usar esta palabra) lo es. En fin, la discusión tendría poco futuro de hecho. La vecina tiene 12 años y mi conocida/amiga es de las que dan el brazo a torcer rápido, pasa de discusiones y malos rollos. O esa es mi impresión aunque la conozco virtualmente así que no puedo hablar demasiado por ella. No sé donde está mi hermana. Mi hermano anda desaparecido, dijo que iba a comprar pero me huelo que se ha ido con sus colegas a dar una vuelta o a correr un rato para mantenerse en forma. Mi padre hace rato que no vuelve pero mejor, seguro que estará bien acompañado, riendo e igual ha cenado de forma decente. Nosotros o mejor dicho yo, tengo una cena basada en pan y mantequilla o queso fresco. No me quejo. No sé cuando fue la última vez que cené de verdad en estas cuatro paredes. Seguro que algún día aleatorio entré en casa y descubrí que había una sopa para cenar, una ensalada ligera y un postre bueno. O igual no, yo ya no sé que es y que dejó de ser. Menos sé que fue lo que nunca fue. 

  Me sigo mirando al espejo a todo esto. Es magnífico lo que un espejo puede enseñarnos. Yo soy de las escuela de Nach, de los que prefiere mirar a través de ventanas antes que mirar el espejo pero en el baño no hay ventanas. Además, verse a uno mismo de vez en cuando te obliga a pensar en quien eres. Los chavales del comedor me odian bastante, esa es mi impresión. No es que me lleve mal con ellos, es simplemente que no me llevo. Ellos hacen y yo hago, ellos se portan bien dentro de unos límites y yo me porto bien y les voy dejando hacer. No me gusta gritar ni me gusta castigar demasiado, de niño no me gustaba que me gritasen ni que me castigasen. No significa que no lo haga pero trato de evitarlo. Creo que a algunos no les caigo mal del todo pero bueno, son una minoría. Me manejo mejor en el baloncesto, creo que los de la escuela me tienen algo de aprecio, algunos más que otros. Luego está Helena que es una maravilla y espero que siga siéndolo con los años. Con los mayores me lo paso bien, hablamos de baloncesto, discutimos sobre distintas cosas e intentamos pasar un buen rato. A todo esto, me he dado cuenta que hoy visto de color azul. Recuerdo una vez que una compañera de clase me dijo que le gustaba un jersey que llevaba pero su amiga le dijo rápido y veloz que era demasiado azul para su gusto. Era el típico jersey de rayas azules y negras, no entendí muy bien que significaba la expresión "demasiado azul" y ahora pese a que le doy vueltas, sigo sin comprenderla. El jersey que llevo es totalmente de color azul, en la misma tonalidad a ese otro que le acabé regalando a mi hermana porque me iba pequeño. El que llevo ahora era de mi hermano. Bueno, lo sigue siendo pero me lo pongo yo y como no se queja pues me lo apropio. Me pregunto que andarán haciendo esas dos amigas, hace mucho que les perdí el rastro. Claro que yo, sin whatsapp ni Facebook tampoco ayudo demasiado. 

  Bueno, he salido del baño. Me voy a cambiar y a la cama. Quizás me duche antes aunque es tarde y me va a estar prohibido poner música. Va a ser una putada. Mañana pinta a día duro. Por cierto, me encontré con una amiga que se ha cortado el pelo. La vi de lejos acompañada por sus padres pero no quise ir a saludarla. Tendremos oportunidades mejores si ella lo desea. Pero intuyo que no lo va a desear así que nos quedaremos con las ganas. Pero no sé, quizás un día se acuerde de mí y de que sigue teniendo mi pelota colgada en su tejado. Mientras me voy a perder entre sábanas y mantas, entre verdades a medias mientras me ahogo en vasos llenos de vacío. Y si alguien se pregunta alguna vez que estoy explicando aquí la respuesta es nada. A veces uno se dedica a escribir lo más desorganizadamente posible y lo hace por puro placer. Pues esto es por placer y por la afición de escribir. No lo he dicho, pero me salta el corrector un montón de veces. Tantas que paso de hacerle caso. Yo escribo pero no sé escribir. Y seguro que lo habéis notado. En fin, que buenas noches o buenos días dependiendo de la hora. Que yo ya no sé nada y por no saber me quedo con ganas de aprender.

lunes, 2 de mayo de 2016

Frenesí

  Esperar sentado mientras jóvenes absortos en sus teléfonos pasan de largo, aburrirse, mirar el horizonte, estirar el brazo para agarrarlo, levantarse, caminar a solas por senderos inundados de arena y pensamientos de viajeros errantes, marcar tu propio ritmo, avanzar al pasado, pasar del pesar, pisar con fuerza, andar en cursiva, correr en negrita y subrayado, cruzarse con indeseables, conocer personas nuevas, sentir el viento cabalgando un ciclomotor jubilado, encontrarte perdida entre la muchedumbre, quedar encandilado de tu sonrisa que sobrevive intacta al impacto del paso ligero del tiempo, ilusionarse sin motivo aparente, enamorarse del vacío, teñirse el pelo de rosa chicle, perseguir tu presenciar, columpiarse en tu inconsciente, apartarse para no estorbar, esforzarse en ser mejor, hacerse mayor a pasos menores, imaginar tus límites, llegar tarde por rutina, beberme tu sudor, acariciar lo más profundo de tu ser, bailar en la frontera de cuerpo, vivir en tus labios, ansiar que la primavera te desnude para pasear con los dedos por tu vientre plano, ponerle banda sonora oficial a mis ideas, caer en el tercer movimiento de una sonata para piano, tocar el contrabajo en tus cuerdas vocales, leer sentimientos escritos en una brisa de verano, reflejarse en ventanas que anhelan ser espejos, ser el destino, transformarle por avaricia, divertirse, reír y contagiar la risa, burlarse de tus enemigos con la lengua fuera, obedecer a tu instinto, tirar a canasta, anotar un gol por la escuadra, renunciar a la derrota, desaprender a perder, viajar al corazón por la aorta, apretujarse en la parte trasera de un coche, abrazar por inercia, vengarse rápido para estrellarnos a toda velocidad como amantes en una carrera contrarreloj, refugiarse en tus versos y en tus besos, ir al paraíso en el Apolo XIII, pintar la luna con los colores del arco iris, iluminar la cara de un felino ágil escondido entre bolsas de basura y residuos de esperanza, dormir en tu regazo, despertar un dos de enero, olvidar recordar que debes olvidar lo sucedido la última noche y recordar no olvidar tu punto de partida, mantenerse firme cual soldado formando fila, escapar de la cárcel de tus brazos, molestar a la soledad, incomodarla, adivinar la fecha de caducidad del nosotros, morir en el naufragio de tu melancólica mirada, derrumbarse como castillos con estructura de naipes y muros de arena engullidos por la hambrienta marea, llorar en vano, trazarte en tu elipsis, contarle al universo que te necesito, rozar el infinito y hacerlo más duradero y largo, mentir con sinceridad, deshacer los pasos que dimos una cálida mañana de septiembre, borrar tus huellas que quedaron en marcadas en mi piel, enterrar las excusas y las disculpas volátiles, quemar tu esencia de mi habitación, romper en mil trozos este escrito, creer en perder la fe, respirar el aire sucio de la gran ciudad, apreciar el paisaje que florece en marzo, echar de menos a la nostalgia, rememorar tiempos peores, valorar la nueva senda abierta, volar sin rumbo, explicar el motivo por el cual nunca se dan explicaciones, acechar a las sombras, asustar a los monstruos que habitan bajo la cama, soñar con pesadillas, admirar la salida del sol, despedirse del niño que fuiste, partir al lejano oeste, batirse en duelos dialécticos, inhalar el último de tus suspiros, quererse, regalar todo el odio que te queda al primero que se cruce contigo y liberarse de los miedos que te impidan vivir para ser.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Punto y aparte

A Maria del Mar, por ser mi bote salvavidas.

  Es un punto y aparte. Tras dos semanas en estado de coma virtual he sido capaz (no sin ayuda) de replantearme problemas y dilemas. He dedicado mis horas muertas a mirarme dentro con los ojos cerrados y los brazos inertes, pasando frío y tumbado en un espacio perdido entre lo imaginario y lo real. Con el viento congelándome las mejillas me he pasado todo el tiempo que merecía y he conseguido llegar a sitios inexplorados de mi yo más humano Al final todo empieza en mi, un punto insignificante en una galaxia infinita, un pequeño ser con miedo a sentirse solo estando rodeado de tanta gente como está. Una alma que huye a contracorriente de toda la multitud que intenta arrastrar a todo aquel que se cruza con ella a una rutina muerta. Es el desenlace de una época que parecía inmarchitable pero que ha terminado por apagarse lentamente y que ha dejado tras de si un rastro de luminiscencia detrás de si. Nadie hablará de ella, efímera como fue pero intensa, tan intensa que las mentiras se suicidaron lanzándose desde tus cuerdas vocales y las verdades cobardes se escondieron bajo sábanas translúcidas para dejarnos a solas mientras espiaban nuestras conversaciones. Ajeno al reloj de arena que me mantiene atrapado aprendí a hacer sonreír y olvidé a como sonreír sin necesidad de perderme en tu mirada. 

  Es un punto y aparte. Todo lo extraordinario dejó de serlo, nos abandonamos y nos liberamos de la prisión de nuestro abrazo. Fue breve, muy breve pero vivido con excesiva devoción. Cada sílaba que pronunciabas era un sonido melifluo que cortaba mi aliento y me enamoraba ciegamente, cada gesto era poesía en el aire y producía una epifanía mental que me aislaba de la cruda verdad que asolaba mi mente. Un sentimiento inefable se apoderaba de mi alma en cuanto te miraba directamente a los ojos, unos ojos que hacían sentir a mi ego como alguien muy especial. Esa mirada donde mis rarezas brillaban con más fuerza que nunca. Que ridículo todo ahora, lo que fue y lo que es, lo que no fue y lo que no es, lo que pudo ser y lo que nunca será. Veo en que te he transformado y no encuentro palabras precisas que puedan describir con exactitud  lo que pienso, mucho menos lo que siento. Nunca confíes en un escritor moribundo que escribe más que habla. Nunca te fíes de una persona triste que habla más que mira. 

  Es un punto y aparte. Nunca quise hacerme daño. No entendí nada hasta pasados los días, las semanas y los meses. Tú y yo nunca fuimos iguales, nunca fuimos nosotros, que tú ya eras feliz mucho antes de conocerme y antes de quererme. No quise entenderte. Eludí mirarte a los ojos porque quería seguir creyendo en una mentira maloliente que terminó por explotar como una pompa de jabón y me envió de bruces contra el suelo. Y aún no me he levantado. He necesitado ayuda para quitarle las pilas al reloj y romper sus manecillas y seguir viviendo tachando los días del calendario. Me convertí en un asesino en serie mientras cuestionaba mi realidad. Miraba mis manos como si todo lo que tocasen fuese una mera ilusión creada por algún Dios con ganas de jugar con mis miedos. El miedo a sentirme en absoluta soledad aún cuando la muchedumbre corre por mi lado y me esquiva evitando todo contacto conmigo. Todos aquellos días muertos por un rotulador rojo fueron días donde ansiaba encontrarte en cualquier rincón de la ciudad que empequeñece las dudas, verte a través de un cristal tomando un café o a que aparecieras por arte de magia en el andén que te lleva de camino a regreso a tu casa. Tantos escenarios sin micrófonos ni actores, tantas sendas que nunca fueron pateadas y quedaron abandonadas. Es horrible pero lo es menos cuando pienso en todas esas sonrisas que me dibujaste sin quererlo y en como cambiaste todo mi mundo haciendo tan poco.

  Es un punto y aparte porque no habrá una segunda vez ni una segunda oportunidad por mucho que ahora la desee. Lo es porque he conseguido entender porque te esperé durante tanto tiempo, ahora sé que existes, que eres palpable y no eres ningún sueño. Algunas personas existen para que los demás podamos refugiarnos de la gente que nos hace sentir en soledad. Esa eres tú, con el cálido abrazo de una madre y las caricias de una hermana, la de los besos de pareja derretidos y la de actos espontáneos que te definen mejor que nada. Ahora sé que eres una soñadora que avanza a un ritmo frenético y que yo no podría igualarte bajo ningún concepto. Te esperé tanto tiempo y terminaste adelantándome. Debí haber avanzado a mi propio ritmo y esperar a que me atrapases. He necesitado horas intrínsecas de soledad absoluta y de silencioso sufrimiento para poder ver a través de los oscuros pasillos de mi ser. Yo con toda esta vana dialéctica sé que escribo para mi, que en mis textos es donde se refugia mi ser y donde dejo de esconder cosas. Entre líneas y palabras se halla la sinceridad que le falta a mi boca y mi mirada. Yo sé que temo por mi y pienso para evitar ese temor. Telarañas de frases que jamás podrán atraparte.

Pero todo esto ya no importa. 

Era un punto y aparte. 


Foto de Anabel RC. 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Cambios de humor (y de amor)

  Noche oscura, caen gotas de forma dispersa. Melodía de truenos y relámpagos, un chico caminando calle arriba huyendo de sus miedos, doblando esquinas esperando encontrar a la esperanza. Pisa un charco, cruza la carretera y afloja el ritmo. Mira el cielo nublado, no hay luna que le guiñe un ojo, no hay estrellas que unir para dibujar sus sueños. Se pregunta cuánto tiempo tarda una gota de lluvia en caer al suelo, cuánto tiempo de vida tiene desde que nace en la nube negra. Sonríe tímidamente, reanuda el paso rápido mientras se pierde en sus pensamientos. La oscuridad de un callejón mal iluminado engulle su existencia. Un perro ladra a lo lejos, un gato en celo clava la mirada en la silueta que desaparece. Mira el fondo del cuadro imaginando en un mundo diferente donde nada es distinto. La locura espera sentada en un banco sabiendo que tarde o temprano el chico aparecerá y a ella se entregará. No sé que edad debe tener el muchacho que olvidó a odiar y que aprendió a contar amigos con los dedos de una mano que ahora le parece tan irreal. Trata de mirarse a si mismo, se abraza a la nostalgia y se sienta en garitos malolientes. Un amor suicida salta de la ventana de un cuarto, un grito ahogado llama al futuro en un deseo de volver al pasado. La eternidad huye del paso del tiempo y todo cambia a cada segundo para poder seguir igual.

  En una calle sin salida aparente la nieve empieza a acumularse. Un chico pasmado mirando a través del cristal ve como un escritor roto por dentro trata de plasmar su frustración en una pantalla. Si se gira un poco verá una chica escribiendo su felicidad en hojas de papel que serán aviones y volarán hasta el más allá. La nieve cuaja bajo sus botas. Mira al cielo, el sol asoma tristemente por las rendijas que dejan las nubes. Fijamente mira el copo que cae delante de sus narices. Nota como otro copo cae encima de su mejilla izquierda. Piensa en cuánto tiempo tarda en caer el copo, durante que breve período de tiempo existe ese copo. Una madre arrastra a un niño mientras le explica como ser mayor. El chico se coloca uno de los cascos y mira la pared que cierra la calle. El escritor frustrado resulta ser poeta, la escritora feliz resulta ser admiradora Matute. Quizás suene una balada curte y quizás sueñe con un amor cursi, quizás se funda la nieve y al día siguiente será como si nunca hubiese existido. Mira el reloj de pulsera. Son las doce y sabe que ha llegado la hora de sonreír aunque sea obligado. Siente el metro bajo sus pies y se coloca el otro auricular. Sigue vivo. Sigue solo. 

  Las hojas empiezas a crecer en los árboles. Camiones equipados con escaleras cuelgan retratos de políticos que buscan votos y venden humo. Las nueve de la mañana. Camina calle abajo con la capucha puesta y con ritmo alterado. Tiene que llegar a algún sitio a alguna hora para abrazar a alguna persona. No quiere hacer tarde. Los rayos del sol le tapan el camino que tiene delante suyo. Siente una presencia intensa. Un pájaro vuela a ras de suelo, Cenicienta corre tras una moto con zapatos de cristal mientras dos machos alfas pelean para conquistar su corazón. El chico mira al cielo divisando los rayos del sol que le ciegan. No lleva el reloj puesto. Mira como lentamente una nube se posa sobre el astro y le ayuda a ver el azul con claridad. El chico se pregunta cuánto tarda en moverse una nube, a qué velocidad viajan y hacia adónde van. Se queda quieto mientras un olor a verde impregna el ambiente. Un coche arranca con el freno de mano puesto y el conductor empieza a sudar nervioso. El chico sabe que va a llegar tarde. El chico sabe que nadie le va a esperar, nunca hubo un momento. Quizás hubiese existido el momento si hubiese salido antes de su casa o si no se hubiese encantado mirando a una pareja de moscas revoloteando delante de su mirada. Otra moto pasa detrás suyo. Un bolso se abre y una mujer saca un pintalabios y un pequeño espejo. Resignado el chico arranca a correr porque aunque le duela, el chico sabe que la esperanza nunca se pierde por muy estúpida que sea la situación. 

  Tumbado en el regazo de una chica desconocida hasta ahora. Su presencia se expande, su conciencia impregna el ambiente, la diversión se difumina en el vacío de su mente. El chico tiene los ojos cerrados mientras la mano de ella recorre su cara. Toca la barriga y se siente cómodo por fin. Se levanta y anda. Sigue sin rumbo, sube escaleras, baja rampas y ríe antes de las doce. El chico recorre cada punto de su figura. Su espalda estrecha se le hace eterna, sus manos delicadas le sujetan fuerte. El amor que se lanzó desde un cuarto llevaba paracaídas. Se sabe que amortiguará la caída los brazos de una desconocida. Se pierde en su olor. No es la película de su vida, es un simple cortometraje y el chico es solamente un extra. Un concierto improvisado, unas palmas, una guitarra y un micrófono. El fuego de la hoguera de San Juan se levanta delante de ambos fundidos en un abrazo. Sus dedos se entrelazan cada vez de una forma y el chico desea en ese preciso momento que se pare el tiempo. El chico piensa en cuando nace esa sensación de sumisión a otra persona, cuándo muere y por que no puede hacerse eterna. El chico vuelve a sonreír tímidamente. Las caricias le llenan de vida, se marca el reto de ser alguien sencillo y tararea sinfonías de Mahler. Valientes se escapan a contracorriente por miedo a sentir, cobardes se levantan y le ganan el pulso al miedo de mirar a los ojos. El chico se sincera con su mundo aceptando la ilusión de un amor que se estrelló hace tiempo. Y ella le agarra la cintura para mantenerlo atado y el chico se deshace del nudo y la observa. No sabe sentir y no sabe vivir. Pero sabe que puede aprender, y que puede hacerlo solo, como ha hecho durante toda su vida.

Foto propia.

martes, 13 de octubre de 2015

(In)estable

  A ella.

  Maremotos de palabras se agolpan en la mente del escritor demente cuyo bolígrafo arde en deseos de hacer correr ríos de tinta. Tantos tontos que desean el calor de los focos, pavonearse frente a princesas con vestidos de seda y engañarlas para llevarlas en brazos hasta el altar. No creo que puedan soportar la presión de las miradas que yo esquivo a diestro y siniestro, prefiero no ser nadie a ser maestro y pasar desapercibido entre el rebaño, consciente de que mis ojos muestran todas las debilidades que me hacen ser incapaz de superarme y los defectos que impiden amarme. No busco trofeos pues no hay mejor premio que dormir en tu regazo ni mejor sensación que la del abrazo de un hermano. En mi libreta solamente busco sentirme libre mientras libro una eterna lucha contra los temores que me acechan en todas las esquinas de mi barrio, donde borrachos trabajan a destajo para bajar la luna y conquistar a su dama, poetas buscan como atrapar polvo de estrellas en tarros para poder crear su propia epopeya, perros vagabundos de hedor nauseabundo miran como la vida se resume en siete días y otras tantas noches a la vez que camellos armados con un aerosol componen mejores reflexiones que el gilipollas de Paulo Coelho. La calle alberga más sabiduría que el pupitre de una clase y los baños tienen mejores filosofías de vida que lo que aparece en tus libros de textos. Den por hecho que el trayecto recto no siempre es perfecto y tampoco es siempre el correcto, agárrense cuando vengan curvas y cuervos a sacarles los ojos pero sin dejar de mirar de reojo a sus acompañantes en el viaje pues sin compañía de alguien o algo el sendero suele hacerse más largo.

  Prendo fuego en secreto y te robo la sonrisa, aquella que se cruza conmigo en sueños y mientras tanto, un punto entre otros tantos surcando por el filo de la almohada, y cada vez que alguien me dice que se me escapa la vida y que ya no tengo cabida, yo le respondo: con mi misión cumplida. Necesito poco para sentirme persona y en lo personal prefiero perecer como hombre que vivir en peceras llenas de lágrimas. Intento mirar al futuro pero si no es contigo no quiero, prefiero sentarme en un sillón y disfrutar del momento mientras lo creamos en un espacio temporal perfecto para ambos. Tengo de fondo al flautista de Hamelín tocando el Für Elise y leo las Aventuras de Huckleyberry Finn. Me sobra la prisa y me falta el tiempo, me sobran hermanos y me faltan amigos, me sobran sonrisas por compromiso y me faltan lloros de alegría. Mira tú que si hoy soy yo, mañana igual me voy y me abandono en la cuneta o me lanzo a las vías del tren si no te alcanzo. Te sigo y te persigo a lo largo del laberinto hasta que el camino se alumbre con la esperanza o tu cariño me deslumbre, quizás sean las hojas del otoño o quizás sea las primeras gotas del rocío en otro amanecer tardío, mi mirada sigue recorriendo tu alma más que tu cuerpo y tus gestos antes que tus senos. Abrazados bajo un manto de luna y estrellas se para el tiempo y pido deseos vanos a meteoritos que se disfrazan de estrellas fugaces, con el alboroto de fondo y humo de tabaco entrando por mis fosas nasales, me siento especialmente único entre la muchedumbre que se pasea a nuestro alrededor sin dedicarnos ni un segundo, ese mismo intervalo de tiempo que junto a ti es efímero en presente pero eterno en pretérito. 

  No pretendo enseñarte nada si no entretenerte, asumo mi ignorancia y la nostalgia de no tenerte. Pese a mis intentos de subir al cielo sigo con los pies pegados al suelo, soy un ente insignificante con sueños de gigante, otro anónimo que no desea sentirse importante ni eclipsarte, el que se conforma con seguir adelante mirando al frente sin apoyarse en amores rancios que hablan más que demuestran, que se apoyan en más te quiero que no en un te respeto. Sigo caminando contra corriente, trato de ser diferente sin alejarme de mi mismo. Ya camino con algo más de prisa y nunca me paré a esperar al reloj porque él nunca se paró a esperarme, buscando el espacio ideal para crear el momento en que pueda deshacerme de las mantas que me sirven como escudo contra los monstruos que habitan bajo mi cama. Trato de manejar las manijas, ajustar las clavijas y envejecer con alegría. Convivo con mis complejos lejos de jaranas y espejos mientras mis complejas metáforas dejan perplejos a personajes encerrados en jaulas mientras genios corren por eternos parajes huyendo de un ejército que destroza el paisaje. En el ejercicio de hallar consuelo en uno mismo apago las luces y me descubro con rostro nuevo de semblante serio. La rutina de escribir es más placer que castigo pero la rutina del no poder crear me atormenta como la peor de mis pesadillas en una noche de tormenta. Y en este juego de sobremesa traigan té de menta de estilo marroquí que me despeja y me desbloquea de los malos hábitos de tirarme a un pozo y tocar fondo. Jornadas de reflexión en esta canción del montón, pues no hay soneto que arrastrado por el monzón sea capaz de hablar con el corazón con la misma precisión.

  No creo textos, no escribo palabras, no transmito lo que pienso ni plasmo lo que siento. Recojo tus ideas para ponerlas en un saco, ordenarlas y narrar lo que no me pertenece. La vida como película de tercera y que viene con spoilers del final, una máquina de hacer sufrir y de sonreír. Tantas veces me perdí en tu mente que ya no sé si he llegado nunca a existir sin ti y esto es lo que tengo ahora, un montón de pensamientos impropios de mi. No puedo mirarte a la cara sin sentir ese cosquilleo del que se enamora rápido (muy rápido) y del que olvida lento (muy lento). No necesito sentirme el mejor de nada, no quiero gobernar en un imperio donde el tuerto es el amo y señor de los ciegos, no quiero hacer el bien para ser un superhéroe. Paso de todas esas etiquetas que van poniendo los que tienden a amontonar riquezas bajo el brazo para ser el más rico del cementerio, paso de ser alguien convencional, paso de decirte que soy real porque tengo mil y una caras y ninguna de ellas es falsa. No te voy a esconder nada, no tengo secretos guardados bajo llave y ya veremos si alguna vez los tengo. Mi alma encerrada en un cofre mientras mi ego se esconde bajo una coraza de cobre y mi corazón se recubre con corteza de roble. Mi bolígrafo es un mandoble que hiere a quien más quiere. Que esto forma parte de mi pero no es mío. Esto es todo tuyo, yo solamente le he puesto un título convincente y lo he transformado para que tú puedas burlarte del escritor que se refugia en el arte, pues ni la máscara más cara podrá jamás tapar lo que hay debajo de la piel.